CINE
En un pueblo
rural argentino, Ramiro, un carismático maestro de música, descubre una
situación alarmante que afecta a su comunidad: aviones y máquinas fumigadoras
aplican agroquímicos cerca de las escuelas, poniendo en riesgo la salud de sus
alumnos.
Decidido a
actuar, convoca a sus muy jóvenes estudiantes
para componer canciones que
expresen lo que viven y despierten conciencia en la comunidad. Lo que empieza
como un proyecto de aula crece hasta convertirse en un movimiento colectivo:
otros docentes, músicos y artistas de todo el país —especialmente Silvia Ghio,
directora de la escuela rural que abre las puertas y se convierte en pilar del
proyecto— se suman a la iniciativa.
Frente a las
resistencias y el silencio de algunos medios, Ramiro decide ir más lejos:
organizar un "Woodstock ambiental" en el campo, donde la música y el
compromiso colectivo amplifiquen el mensaje más allá de sus fronteras.
Sin dudas, “Una
canción para mi tierra” es una de las experiencias más innovadoras y
eocionantes que se pudieron ver en los últimos tiempos en el cine nacional. Un
documental que por momentos toma ritmo de ficción, pero que es totalmente real,
y un protagonista que no actúa, simplemente desarrolla una tarea propia del
quijote que rema contra todos los poderes para luchar por lo que cree
justo.
Este docente se llama, en la realidad y en el film, Ramiro Lescano, y junto a Silvia Ghio y un grupo carismático y espontáneo de chicos y chicas de entre 8 y 12 años, junto a otros docentes de escuelas rurales argentinas, son capaces, con la acción colectiva, de desafiar todos los obstáculos para llegar a su objetivo: crear conciencia sobre un desastre ambiental que lleva consigo enfermedad y también muerte en aras de un interés económico sin límites.
El film cuenta
con la participación especial de artistas como León Gieco ( que hace punta
en el apoyo a esta iniciativa), Lito Vitale, Gustavo “Chizzo” Nápoli (La Renga),
Mavi Díaz, Andrea Echeverri, Héctor Buitrago, y varios más que se suman a
esta “cruzada” a través de un video o un
pequeño mensaje.
“Una Canción
para mi tierra”, coproducción entre Argentina, Colombia y Alemania, fue
dirigida por Mauricio Albornoz Iniesta, con un excelente montaje de Sofía
Merle, música original del mismo Ramiro Lescano, dirección de
fotografía de Pablo Nuñez Galardo, sonido de Pedro Joaquín Gerbelli,
producción ejecutiva de Sebastián Carreras y Matías Carnaghi como jefe
de Producción.
A través del
registro del trabajo en el aula, los ensayos musicales y los encuentros con
artistas, la película observa cómo la creación colectiva se convierte en una
forma de expresión y participación.
"Canciones
Urgentes para mi Tierra", la iniciativa que dio origen al film, nació
como una iniciativa de aula en escuelas rurales de Córdoba y Santa Fe,
impulsada por Ramiro Lezcano. En internet se puede encontrar información
en el link: https://cancionesurgentesparamitierra.com/
El documental acompaña este recorrido creativo y social, mostrando cómo la música se convierte en una herramienta de expresión, conciencia ambiental y construcción comunitaria.
Mauricio Albornoz Iniesta es director, productor y docente en la Universidad Abierta Interamericana. Formado en Diseño de Imagen y Sonido en la UBA, ha trabajado en roles clave en la industria audiovisual.
Entre sus
logros más recientes destaca la serie documental “Ara San Juan: el submarino
que desapareció” (Netflix), junto a otras producciones para Red Bull y la
televisión pública argentina. Actualmente, está en postproducción de su
largometraje documental “El yoga y yo”.
Tras su paso
por festivales internacionales, el documental obtuvo premios y reconocimientos.
“Meternos en esa lógica de los chicos nos hizo aprender que algunos sueños son
posibles, pero hay que intentarlos. Ellos decían ‘hagamos un concierto’ y
nosotros, como adultos, tratamos de acompañar algo que parecía imposible sin
tener los recursos”, señala Iniesta.
En tiempos de
búsqueda de respuestas inmediatas y salidas fáciles, Mauricio Albornoz Iniesta
y su grupo de la Compañía Productora Cactus iniciaron una película casi
siguiendo los tiempos de la naturaleza. En 2013 se pusieron a buscar temas
relacionados con la ecología y se encontraron con periodistas que estaban
“investigando las consecuencias de la fumigación con agroquímicos cerca de las
poblaciones: habían sacado fotos a chicos con malformaciones, a madres, con un
impacto periodístico muy fuerte”, cuenta Albornoz Iniesta, director de Una
canción para mi tierra, documental que se estrenó en Buenos Aires y otras
ciudades del país tras recorrer 30 países y cosechar numerosos premios.
Hasta que un
día los contactan con Ramiro, “un maestro de música de escuelas rurales que
había hecho una canción con sus alumnos sobre esta problemática y la había
grabado invitando a cantar con los chicos a un montón de figuras de la música
argentina”.
Se puede decir
que fue amor a primera vista, “tanto del personaje como de los personajes que
son los protagonistas, los alumnos: de esas clases donde surgían estas ideas
increíbles, canciones que están buenísimas, tremendas canciones que armaban y
que estaban copando a un montón de artistas argentinos y latinoamericanos”.
Durante más
de dos años, Albornoz y un equipo reducido fueron una o dos veces por mes a
filmar a las escuelas siguiendo el proceso: “Desde que nace una canción hasta
cómo hacen para que sea cantada frente a la comunidad”. Algo que también parece
sencillo, pero tampoco lo es.







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