LITERATURA
Desde hace varios mundiales, entre el
anecdotario y las notas de color surge casi siempre la reacción masiva de
adhesión y fanatismo que expresa parte
del pueblo de Bangla Desh, ex colonia británica como parte de la India, y que
se independizó a comienzos de los años ’70, por nuestro país, y en especial por
la Selección Argentina. Simpatía que se volvió
a manifestar en este Mundial y que se acrecentó en vísperas del próximo encuentro
con los ingleses.
Contrariamente
a lo que se piensa, ese amor por lo argentino no se inició durante el Mundial ’86
de México, cuando Argentina derrotó 2 a 1 a Inglaterra con los dos recordados
goles de Maradona.
Este afecto, casi una devoción, comenzó
muchas décadas atrás, y tiene profundas raíces culturales, históricas y humanas,
que se relacionan directamente con la literatura.
En 1924, el
gran poeta bengalí Rabindranath Tagore, primer asiático en recibir el Premio
Nobel de Literatura, llegó enfermo a Buenos Aires. Tenía que ir a Perú para dar
conferencias, pero una neumonía lo obligó a quedarse.
La escritora Victoria
Ocampo, que lo admiraba, lo visitó y le ofreció quedarse en su quinta de San
Isidro para recuperarse. Tagore se quedó allí como dos meses, generándose una
gran amistad entre ellos, y le dedicó a Victoria varios poemas y el nombre
"Vijaya", que significa "la victoriosa".
Aunque Victoria
conoció a Tagore recién en 1924, diez
años antes había leído su colección de poemas ‘Gitanjali’ y, posteriormente,
publicado aquel artículo en La Nación sobre su admiración al poeta y su
escritura.
Algunas
fuentes dicen que en realidad Tagore se quedó un tiempo en la quinta Miralrío,
de la prima de la escritora, situada en La Salle y Brasil, en la zona de Punta
Chica, casi en el límite de los municipios de San Isidro y San Fernando.
La historia
sobre esta singular relación entre Victoria y Tagore fue recreada por el cine
argentino en 2018, en el film “Pensando en él”, del director Pablo César, que
se puede encontrar en la plataforma Cine.Ar Play.
Ese encuentro fue un símbolo del vínculo cultural entre la Argentina y Bengala (luego Bangladesh). Después, el pueblo bengalí sufriría una tragedia: la hambruna de Bengala de 1943 que provocó la muerte de entre dos y tres millones de personas.
La falta de
alimentos se debió a la Segunda Guerra Mundial y a la falta de distribución.
Hay consenso entre los historiadores en que las políticas del gobierno
británico encabezado por Winston Churchill no atendieron las necesidades de la
población bengalí.
La tragedia dejó una herida profunda en la
memoria colectiva de Bengala y en 1971, tras una guerra de liberación,
Bangladesh obtuvo su independencia. En Argentina, intelectuales como Victoria
Ocampo y Jorge Luis Borges expresaron públicamente su apoyo al nacimiento del
nuevo país.
Una década
después, en 1982, durante la Guerra de Malvinas, Bangladesh acompañó nuestra
posición en los foros internacionales, respaldando el reclamo de soberanía
sobre las islas.
En 1986, en el Mundial de México, cuando la
Argentina derrotó a Inglaterra con la actuación inolvidable de Diego Maradona,
ese triunfo tuvo un significado que iba mucho más allá del fútbol para millones
de bangladesíes que lo vivieron como una victoria simbólica frente a la antigua
potencia colonial que los había marcado profundamente.
Con el paso
de los años, la pasión de Bangladesh por la Selección Argentina, por Maradona y
luego por Lionel Messi, se convirtió en un fenómeno único en el mundo. Las
calles de Daca y de muchas otras ciudades se llenan de banderas argentinas
durante cada Mundial, como una expresión de admiración y cercanía que sorprende
a quienes desconocen esta historia.
Por eso, el
cariño de Bangladesh por la Argentina no nació de un solo partido ni de un solo
jugador, como se dice. Es el fruto de un siglo de encuentros culturales, gestos
de solidaridad, memoria histórica y admiración que debieran fortalecer un
vínculo verdaderamente extraordinario entre ambos pueblos.











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