ARTES PLÁSTICAS
La nueva exposición de Arturo Aguiar y Alejandro Doorish, "Entre la imagen y el tiempo", se puede ver durante este mes en la galería Lorena Art, en San Martín 954, local 31, con curaduría de Lorena del Pilar Guerrero.
La exposición reúne dos prácticas artísticas que, desde lenguajes y recorridos diferentes, exploran la construcción de la imagen y su relación con el tiempo.
Entre la fotografía, la pintura, la memoria y la imaginación, las obras establecen un diálogo que invita a detener la mirada y descubrir distintas formas de percibir, construir y transformar lo visible.
Qué sucede cuando la imagen deja de ser un registro para convertirse en un acontecimiento? ¿Qué aparece cuando aquello que reconocemos pierde estabilidad y comienza a transformarse frente a nuestra mirada?
“Entre la imagen y el tiempo” reúne las obras de Alejandro Doorish y Arturo Aguiar a partir de una inquietud común: explorar la imagen como un territorio abierto, en el que la percepción, el cuerpo y el tiempo intervienen para desplazar aquello que creemos conocer.
Desde la pintura y la fotografía, ambos artistas ponen en tensión la idea de una imagen fija, definitiva y cerrada, para construir espacios donde las formas parecen estar siempre en proceso de transformación.
En la obra de Alejandro Doorish, objetos, herramientas, estructuras y escenas de la vida cotidiana abandonan su función y su contexto habitual para ingresar en universos inciertos. Elementos reconocibles se encuentran, se repiten, se desplazan y establecen nuevas relaciones dentro de espacios abiertos e inestables. Flotan, se sostienen de manera precaria o parecen estar a punto de caer, componiendo situaciones que no terminan de revelarse.
Hay en sus pinturas una suspensión que altera nuestra percepción del tiempo. No sabemos si aquello que vemos está comenzando a organizarse o si, por el contrario, se encuentra en el instante previo a su desarme.
Según palabras de Lorena del Pilar Guerrero, la repetición se convierte entonces en una herramienta de exploración: imágenes, trazos, fondos y composiciones regresan, pero nunca exactamente de la misma manera. Cada pintura prolonga una investigación anterior y, al mismo tiempo, abre una nueva posibilidad.
La obra se constituye así como un lenguaje en expansión, donde las asociaciones permanecen disponibles para que cada espectador construya su propia narración.







