jueves, 26 de febrero de 2026

La Primera Bienal de Arte Indígena expone el valor y la importancia de las culturas originarias de América




 ARTES PLÁSTICAS

      Hasta el 12 de abril se puede visitar la Primera Bienal de Arte Indígena de Buenos Aires en el Pabellón de las Bellas Artes de la Universidad Católica Argentina (UCA)., en Alicia Moreau de Justo al 1300, en Puerto Madero. 

         Este evento, organizado por la Fundación Redes Solidarias y la directora del Pabellón de las Bellas Artes de la UCA, Cecilia Cavanagh, cuenta con el apoyo de Mecenazgo, las embajadas de Perú, Paraguay, Brasil y Chile, así como fundaciones y entes provinciales de Salta y Chaco.

         Participan 45 artistas indígenas de Chaco, Formosa, Salta, Jujuy y Tucumán, así como de Perú, Paraguay, Brasil y Chile. Las obras en cerámica, pintura, madera, textil y artes visuales de estos artistas trascienden los formatos tradicionales e interpelan al visitante para reflexionar sobre la importancia de las culturas indígenas en la actualidad.

            La Bienal busca dar visibilidad y reconocimiento a los artistas indígenas y a sus voces, ofreciendo un espacio único para apreciar la cosmovisión, la espiritualidad y la historia de sus comunidades.

          Esta Primera Bienal de Arte Indígena reúne a artistas de la Argentina y países vecinos en una muestra que busca legitimar sus obras dentro del circuito contemporáneo, promover el contacto directo con el público y revalorizar las cosmovisiones originarias como parte activa del presente cultural.

      En el Pabellón de las Bellas Artes de la UCA, en Alicia Moreau de Justo al 1300 en Puerto Madero, la Primera Bienal de Arte Indígena de Buenos Aires abrió un espacio inédito bajo el lema “Voces indígenas contemporáneas: una mirada desde el corazón de las comunidades”.

     Organizada  por la Fundación Redes Solidaria, basa su propuesta en algo más que una exhibición: busca modificar la forma en que el sistema del arte mira y legitima la producción indígena.

       La idea, según explicó su creadora y fundadora, la antropóloga Mercedes Avellaneda de Bocca, surgió tras observar la creciente presencia de artistas indígenas en espacios internacionales como la Bienal de Venecia en los últimos años. La iniciativa busca generar una “gran vidriera” donde cada artista figure con su nombre y datos de contacto, de modo que coleccionistas e interesados puedan vincularse directamente con ellos, sin intermediarios.

      La Bienal reúne obras en cerámica, pintura, talla en madera, textil y artes visuales contemporáneas, y puede visitarse hasta el 12 de abril, de lunes a lunes, de 11 a 19, en Av. Alicia Moreau de Justo 1300.

    Los materiales también hablan de un vínculo directo con el territorio: telas de tocuyo teñidas con cortezas de árbol, barros naturales y pigmentos orgánicos. “No son acrílicos, todo es natural”.

       Para la organizadora, la Bienal llega en un momento clave para el arte contemporáneo regional. “Es un arte genuino, que nace de las entrañas de las comunidades”, sostuvo. Muchos de los jóvenes participantes pertenecen a familias donde la práctica artística se transmite de generación en generación, y en esa continuidad incorporan nuevas miradas sin romper con la tradición.

      En esa tensión entre tradición y renovación, la Primera Bienal de Arte Indígena propone revisar jerarquías y ampliar el canon desde el corazón mismo de las comunidades.

        La Bienal estuvo rodeada de una polémica, ya que a fines de enero, en pleno montaje en el Palacio Libertad (ex CCK) las autoridades nacionales avisaron que la organización no podía avanzar con la muestra Desde el Corazón del Gran Chaco. Arte y Cultura de la Región, un conjunto de obras del colectivo de los artistas pintores de Misión Chaqueña, impulsada por la Fundación Siwok y Tesoros del Gran Chaco, que formaría parte del circuito paralelo de muestras.

      En su momento, se calificó a este veto como “un acto de discriminación y censura”, según la antropóloga Mercedes Avellaneda, del comité organizador de la bienal, porque desde la secretaría de Cultura nacional se dijo que la muestra "no cumplía con la impronta que se le quería dar al lugar donde se exhibiría".

       Finalmente, el Espacio Vitriol, en la calle Juan Domingo Perón 1253, prestó su espacio para que se lleve a cabo la muestra cuyas obras ya estaban en Buenos Aires al momento de darla de baja desde el centro cultural dependiente de la secretaría de Cultura de la Nación.

         La organización trabajó durante un año y medio para poder montar la bienal con la colaboración de las provincias y las embajadas de los artistas participantes, además de contar con la ayuda económica de sponsors y de Mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires.

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