martes, 19 de mayo de 2026

"Una canción para mi tierra", un valioso manifiesto de lucha por la defensa del medio ambiente

 




CINE

       En un pueblo rural argentino, Ramiro, un carismático maestro de música, descubre una situación alarmante que afecta a su comunidad: aviones y máquinas fumigadoras aplican agroquímicos cerca de las escuelas, poniendo en riesgo la salud de sus alumnos.

       Decidido a actuar, convoca a sus muy jóvenes estudiantes   para componer canciones que expresen lo que viven y despierten conciencia en la comunidad. Lo que empieza como un proyecto de aula crece hasta convertirse en un movimiento colectivo: otros docentes, músicos y artistas de todo el país —especialmente Silvia Ghio, directora de la escuela rural que abre las puertas y se convierte en pilar del proyecto— se suman a la iniciativa.

        Frente a las resistencias y el silencio de algunos medios, Ramiro decide ir más lejos: organizar un "Woodstock ambiental" en el campo, donde la música y el compromiso colectivo amplifiquen el mensaje más allá de sus fronteras.

        Sin dudas, “Una canción para mi tierra” es una de las experiencias más innovadoras y eocionantes que se pudieron ver en los últimos tiempos en el cine nacional. Un documental que por momentos toma ritmo de ficción, pero que es totalmente real, y un protagonista que no actúa, simplemente desarrolla una tarea propia del quijote que rema contra todos los poderes para luchar por lo que cree justo. 

        Este docente se llama, en la realidad y en el film, Ramiro Lescano, y junto a Silvia Ghio y un grupo carismático y espontáneo de chicos y chicas de entre 8 y 12 años, junto a otros docentes de escuelas rurales argentinas, son capaces, con la acción colectiva, de desafiar todos los obstáculos para llegar a su objetivo: crear conciencia sobre un desastre ambiental que lleva consigo enfermedad y también muerte en aras de un interés económico sin límites.

        El film cuenta con la participación especial de artistas como León Gieco ( que hace punta en el apoyo a esta iniciativa), Lito Vitale, Gustavo “Chizzo” Nápoli (La Renga), Mavi Díaz, Andrea Echeverri, Héctor Buitrago, y varios más que se suman a esta “cruzada” a través de  un video o un pequeño mensaje.

       “Una Canción para mi tierra”, coproducción entre Argentina, Colombia y Alemania, fue dirigida por Mauricio Albornoz Iniesta, con un excelente montaje de Sofía Merle, música original del mismo Ramiro Lescano, dirección de fotografía de Pablo Nuñez Galardo, sonido de Pedro Joaquín Gerbelli, producción ejecutiva de Sebastián Carreras y Matías Carnaghi como jefe de Producción.

 Un forma de creación colectiva

          A través del registro del trabajo en el aula, los ensayos musicales y los encuentros con artistas, la película observa cómo la creación colectiva se convierte en una forma de expresión y participación.

         "Canciones Urgentes para mi Tierra", la iniciativa que dio origen al film, nació como una iniciativa de aula en escuelas rurales de Córdoba y Santa Fe, impulsada por Ramiro Lezcano. En internet se puede encontrar información en el link: https://cancionesurgentesparamitierra.com/

           El documental  acompaña este recorrido creativo y social, mostrando cómo la música se convierte en una herramienta de expresión, conciencia ambiental y construcción comunitaria. 

          Mauricio Albornoz Iniesta es director, productor y docente en la Universidad Abierta Interamericana. Formado en Diseño de Imagen y Sonido en la UBA, ha trabajado en roles clave en la industria audiovisual.

        Entre sus logros más recientes destaca la serie documental “Ara San Juan: el submarino que desapareció” (Netflix), junto a otras producciones para Red Bull y la televisión pública argentina. Actualmente, está en postproducción de su largometraje documental “El yoga y yo”.

       Tras su paso por festivales internacionales, el documental obtuvo premios y reconocimientos. “Meternos en esa lógica de los chicos nos hizo aprender que algunos sueños son posibles, pero hay que intentarlos. Ellos decían ‘hagamos un concierto’ y nosotros, como adultos, tratamos de acompañar algo que parecía imposible sin tener los recursos”, señala Iniesta.

       En tiempos de búsqueda de respuestas inmediatas y salidas fáciles, Mauricio Albornoz Iniesta y su grupo de la Compañía Productora Cactus iniciaron una película casi siguiendo los tiempos de la naturaleza. En 2013 se pusieron a buscar temas relacionados con la ecología y se encontraron con periodistas que estaban “investigando las consecuencias de la fumigación con agroquímicos cerca de las poblaciones: habían sacado fotos a chicos con malformaciones, a madres, con un impacto periodístico muy fuerte”, cuenta Albornoz Iniesta, director de Una canción para mi tierra, documental que se estrenó en Buenos Aires y otras ciudades del país tras recorrer 30 países y cosechar numerosos premios.

          Hasta que un día los contactan con Ramiro, “un maestro de música de escuelas rurales que había hecho una canción con sus alumnos sobre esta problemática y la había grabado invitando a cantar con los chicos a un montón de figuras de la música argentina”.

        Se puede decir que fue amor a primera vista, “tanto del personaje como de los personajes que son los protagonistas, los alumnos: de esas clases donde surgían estas ideas increíbles, canciones que están buenísimas, tremendas canciones que armaban y que estaban copando a un montón de artistas argentinos y latinoamericanos”.

          Durante más de dos años, Albornoz y un equipo reducido fueron una o dos veces por mes a filmar a las escuelas siguiendo el proceso: “Desde que nace una canción hasta cómo hacen para que sea cantada frente a la comunidad”. Algo que también parece sencillo, pero tampoco lo es.

 

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